Creamos software de gestión para negocios que atienden a diario, con y sin inteligencia artificial. Nuestro primer producto, ya en producción: ISHostel, el TPV para hostelería.

ISHostel ordena todo el turno: sala, comandas, cocina y barra, menús, pedidos a domicilio, cobros y cierre. Para bares, cafeterías y restaurantes.
Plano por ambientes y plantas, cada mesa con su estado en color: libre, en servicio, por cobrar o reservada. Abre, une y divide cuentas en segundos.

Toma el pedido por categorías o favoritos, monta menús y combinados, y añade notas por artículo («sin orégano», «poco hecho»). Cada línea sale a cocina o barra al instante.

Cobro normal o cuenta dividida por líneas o comensales, con ticket legal.
Pedidos a domicilio (delivery), para llevar y recoger, en el mismo flujo de servicio.
Abre y cierra turno, retiros e ingresos, y un cuadre de caja que cuadra solo.
Ventas totales, comandas, ticket medio, propinas, métodos de pago y familias más vendidas. Por día, semana o mes.

Iscomanda es el comandero de ISHostel para Android. El camarero apunta junto al cliente y cada línea sale a cocina o a barra al instante, sin idas y venidas al TPV.
Elige zona, abre la mesa y ves su estado igual que en el TPV. Lo que se toca en el móvil aparece en la caja, y al revés: es la misma comanda, no una copia.


Familias, categorías y artículos con sus extras y opciones. Menús compuestos eligiendo una opción por grupo, y notas por línea para que en cocina sepan exactamente qué sale.


Cada línea sale a su punto de preparación en cuanto se confirma.
Consulta las comandas abiertas y su detalle sin volver a la caja.
Solo hay que indicarle la dirección del TPV dentro de la red del local.
Tus clientes reservan desde internet y la mesa aparece marcada en el plano del TPV, con su nombre, su hora y cuántos son. Sin libreta, sin llamadas apuntadas en un papel y sin volver a teclear nada.
ISHostel publica tus zonas y mesas, y el sistema de reservas solo ofrece lo que de verdad tienes libre a esa hora y para ese número de personas. No hay dobles reservas porque no hay dos calendarios.
Aviso automático de recordatorio antes de la hora, y el estado de cada reserva a la vista: pendiente, confirmada, sentada o anulada. Cuando llegan, la mesa ya está preparada y la comanda arranca sobre ella.
El plano de mesas es el mismo que ya usas en la barra. Las reservas se posan encima.
Las reservas se guardan también en el local: el servicio no depende de la conexión.
Cada local se identifica con su propia clave y ve solo sus reservas.
El TPV sube sus ventas y sus cierres solo, sin que nadie exporte nada. Tú entras con tu usuario desde el móvil o el ordenador y ves el negocio al día: hoy, ayer, la semana o el mes. Un local, o todos a la vez.

Ventas del periodo comparadas con el anterior, comandas, ticket medio y anuladas. El reparto entre efectivo y tarjeta, las propinas y los descuentos. Y la hora punta, que es la que te dice cuándo hace falta gente.
Los más vendidos por unidades, el reparto entre comida y bebida, y el ranking de camareros con sus ventas, sus comandas y su ticket medio. Y los cierres de caja, con su arqueo y si cuadran o no.
Cada local sube lo suyo etiquetado. Miras el conjunto, o una sucursal concreta con su comparativa.
El panel es de solo lectura: no cambia comandas ni precios. Lo que pasa en la barra lo sigue mandando el TPV.
Se entra con correo y contraseña, y cada cuenta ve solo el negocio y las sucursales que le tocan.
ISTPV cobra con lector de código de barras y báscula, lleva el stock hasta el gramo y trabaja contra la central de ISGestión. Está en marcha todos los días en supermercados reales.

El escaneo entra esté el cursor donde esté: nadie tiene que pinchar en la casilla antes de pasar el artículo. Y lo que se vende a peso o por fracciones —tres cuartos de kilo, media botella— cuadra hasta el tercer decimal, que es donde se escapan los céntimos cuando se suman mil veces.
Precios, ofertas y altas se hacen una vez en ISGestión y llegan a todas las tiendas. Cada caja vende contra su propia base en el local, así que un corte de línea no para la cola ni obliga a apuntar en un papel.
Sincronizar el catálogo no interrumpe la caja ni se lleva el histórico: un artículo que ya no se vende se retira, no se borra.
El mismo módulo fiscal que la hostelería, con el mismo motor. Cómo funciona →
Recepción de mercancía, ajustes de inventario y rectificativas, cada documento con su serie y su motivo.
Artículos, precios, proveedores, compras, inventario y estadísticas de todas tus tiendas. Lo que se decide aquí baja solo a las cajas, y lo que se vende allí sube sin que nadie exporte nada.
Artículos, familias, marcas, tarifas y proveedores se mantienen en la central. Las cajas los reciben; no los editan. Así no acabas con el mismo producto a dos precios según en qué tienda lo cojas.
Recepción de mercancía contra el pedido, facturas de proveedor, mermas y precios de coste. Y el margen real por artículo, familia y tienda, que es donde se ve si la oferta del mes salió a cuenta o no.
Por la mañana lo revisas y lo apruebas. Nadie recorre los pasillos con una libreta: cada noche ISGestión mira qué se ha vendido en cada tienda y deja la propuesta hecha, agrupada por proveedor.

El motor toma la foto del stock, mide la demanda diaria de cada artículo y calcula cuánto pedir para cubrir los días que tú decidas.
Repartida en tres listas: lo que necesita un ojo encima, lo que está listo y lo que se descartó. Cada cifra lleva su motivo al lado, no escondido.
Cambias lo que quieras y generas los pedidos borrador, agrupados por proveedor y redondeados a caja completa. A Excel o por correo, con tu plantilla.
La demanda se mide sobre los días en que hubo existencias, no sobre los del calendario. Sin esa corrección, lo que estuvo diez días roto parece de baja demanda: se pide poco, y se vuelve a romper. Es la diferencia entre una propuesta que se sigue y una que a los dos meses ya nadie mira.
Cada tienda con su stock, sus precios y su propia propuesta. Y la suma de todas, cuando quieres verla junta.
Si lo que estás mirando no es de anoche, la pantalla lo avisa. Una cifra vieja leída como fresca cuesta dinero.
El sistema propone; el pedido no sale hasta que alguien lo aprueba. Nada se manda al proveedor a tus espaldas.
Hacienda ya no se conforma con que emitas la factura: exige que quede registrada y que nadie pueda retocarla después sin que se note. Nuestros programas lo hacen solos, en el momento del cobro. En la barra no cambia nada.
La huella de cada factura es el viene de de la siguiente. Retocar una de ayer rompe todas las que vinieron después, y eso se ve.
Se cobra igual que ayer. El sello ocurre dentro, en el mismo instante del cobro, y el ticket sale por la impresora de siempre. Anular una cuenta también queda registrado: no se borra una venta, se registra que se anuló.
El sello se hace en tu local, no en la nube. Si se cae la línea, cobras igual: los registros esperan en cola y salen solos cuando vuelve. Y la cadena se guarda fuera de la carpeta del programa, así que reinstalar no se lleva años de registros.
Sella y encadena desde el día uno, aunque el envío todavía no esté activado. Lo que no se registra hoy no se recupera mañana.
Se instala con el programa: un módulo por local con su cadena, y el resto de cajas lo encuentran solo en la red.
Hostelería, comercio y facturación firman con la misma pieza. Un solo sitio que mantener al día cuando la ley cambie.
Muvail es una base común de gestión, cobros y datos sobre la que construimos productos para cada sector. Empezamos por la hostelería, y el comercio ya está dentro.
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